Era la conferencia de prensa posterior al Gran Premio de Holanda. La sala de la ‘catedral’, como llaman los ‘motards’ al popular y mítico trazado de Assen, estaba repleta. Jorge Lorenzo acababa de lograr una gesta mítica, sólo al alcance de pilotos como Phil Read, Giacomo Agostini o Valentino Rossi, ganar, en un mismo circuito, en tres categorías diferentes.
Cuando, de pronto, Lorenzo explicó que había estado a punto de caerse. “No he salido volando, de milagro, pues en la penúltima vuelta, al entrar en la chicane, la moto se me ha ido de detrás y por poco me escupe por las orejas”. Dani Pedrosa, sentado a su lado (acabó segundo, recuerden), le dice: “¡Aaaaah, eras tú!”
Concluida la charla oficial, le pedí a Pedrosa que me explicase el incidente y, no sólo me lo detalló, sino que me dejó perplejo. Lean. “Yo, que iba a tres segundos de Lorenzo, descubrí, cuando tracé la chicane, que había en el suelo una señal de neumático que no estaba en la vuelta anterior. Y ‘pensé: esa marca es de rueda trasera, no delantera’. Cuando acabó la carrera, le pedí a mis mecánicos si se había caído alguien. Me dijeron que no. Y ahora que oigo a Jorge, he descubierto que aquella marca era suya”.
Les cuento está anécdota (impagable ¿verdad?) para que ustedes descubran de qué tipos estamos hablando. Muchachos que pilotan (no puedo decir, conducen) a más de 300 kms/h. y que, mientras trazan a toda velocidad, descubren marcas, derrapadas, que no había una vuelta antes. Y, encima, la procesan sabiendo que es de una rueda trasera, no delantera.
De verdad, estamos ante auténticos cracks, gentes que merecen nuestra admiración por lo que nos hacen disfrutar con sus carreras ¿a qué sí? Tanto Lorenzo como Pedrosa, sí. Los nuevos dueños del Mundial. Unos dueños, unos jefes, unas estrellas, unos líderes que empiezan a relacionarse como buena parte de los mortales. Que se hablan, que cambian impresiones, que contrastan pareceres detrás del muro de cartón del podio, que se cuentan cómo va su Yamaha y qué tiene su Honda, que sonríen, uno más que otro (y no digo quien sonríe más, ustedes ya me entienden) pero que, finalmente, han convertido nuestro trabajo, nuestra relación con ellos, en algo muuuuuuuucho más agradable de lo que era hasta ahora.
Y esa anécdota de Assen lo demuestra. Por eso lo cuento. Por eso se lo explico. Sí, cosas nuestras, de periodistas enfermos, pero también un detalle que a vosotros, moteros de corazón y práctica, os puede agradar.


Comentarios
me alegra que se lleven bién que se respeten, es bueno para este deporte.
Pero esperemos mejores carreras más disputadas y que se engancvhen un poco en la clasificación realmente quedan muchas careras.
un saludo
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