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viernes 24/10/2014

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Preziosi, el segundo apellido de Rossi

Preziosi

Por Emilio Pérez de Rozas

Entras en el camión de Filippo Preziosi y hay quince pantallas planas en un lado y otras quince en el otro. Y enseguida te das cuenta, en efecto, que es el camión de Preziosi, no de Ducati. Inmediatamente sabes que aquel ingeniero, licenciado con 'notazas' en la Universidad Bolonia, que te espera en el despachito que hay al final de ese laboratorio de ideas es el gran hacedor del milagro Ducati.

Cierto, hubo otras proezas rojas. Muchas. Pero desde que este prodigio de la ingeniería, de las dos ruedas, se ha hecho cargo del equipo de ingenieros de la fábrica italiana, los rojos han vuelto a convertirse en una referencia, ganando el Mundial de MotoGP, con una mano, en el 2007 y dominando, a placer, el Mundial de Superbikes, con la 916, creada también por este 'monstruo' encantador, devorador de ideas más que de galletas, cuyo cerebro no para de calcular, de idear, de parir aunque sus manos y sus piernas estén paralizadas desde aquel desgraciado accidente en África. En moto, sí, en moto.

Preziosi, cuya mente jamás han pretendido comprar ni conquistar los japoneses (él tampoco hubiese abandonado a su querida Italia, a su ilusionante Ducati), sabe que todos los que peregrinan hasta su despachito lo hacen con la idea, con la intención, con la sensación de que se acercan a una de las fuentes más sabias del Mundial de motociclismo. Cuando llegas a su lado, ya no hay barreras. Las barreras te las imaginas tú porque él hace ya mucho tiempo que las ha abolido. Y es normal. Para un ingeniero y para alguien que se sienta frente a él para aprender, aún mejor, para entender, para mejorar sus conocimientos, lo único que vale es esa cabeza. Y la de Preziosi está intacta.

Tan intacta, tan activa, tan precisa, que todo el mundo sabe que, mientras él medite, mientras él ocupe ese despachito que hay al final de ese pasillo de ciencia, de pantallas, de ingenieros, de sabios, de técnicos, Ducati estará viva, revolucionada. Porque los jefes saben que puede estar Casey Stoner o Valentino Rossi, pueden rodear a sus pilotos técnicos y mecánicos italianos o australianos, pero lo que es intocable es la figura de este sabio, nada loco, demasiado cuerdo, sobradamente sensato, que se llama Filippo Preziosi.

Y cuando te conceden el privilegio de subir a ese camión rojo tienes que ser muy tonto para no darte cuenta de que eres un privilegiado y que ahí dentro, comandados por ese ingeniero con aspecto de 'beatle', se está diseñando el aparato que, algún día, conducirá a la luna, al podio, a uno de los grandes, llámese Stoner o Rossi. Porque, digámoslo bien alto: hasta que Preziosi no dé con la máquina de los sueños, nadie será capaz de ganar, se llame como se llame y tenga el historial que tenga. Ni ese 'Doctor', que acumula podios, victorias y títulos, es capaz de vencer sin la ayuda de ese inagotable pozo de ciencia que es Preziosi, aquel hombre discreto que hay al final del pasillo tapizado con decenas de pantallas de plasma.

Foto: www.mircolazzari.com

 

 

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