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domingo 26/10/2014

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Y Rossi volvió a insultar

rossiopiemilio

Es nuestro ídolo. Vale. Bueno, uno de nuestros ídolos. Es más, es nuestro gurú, el piloto, el joven, el campeón que ha convertido el motociclismo en uno de los símbolos más grandes del siglo pasado y, sí, puede que también de los inicios de este.

Su nombre, su talante, sus gestas, sus símbolos, su manera de actuar y atraer a las grandes masas ha permitido que nuestro deporte favorito se convierta en materia de conversación allí donde sólo se habla de fútbol, de basket, de tenis, de F-1. Él y solo él ha convertido las motos en un deporte de masas, de máxima audiencia y, sobre todo, en una práctica trepidante.

Pero nada de todo eso, nada, ni siquiera el perdón que recibió del mundo entero tras defraudar a la Hacienda italiana (algo de lo que poquísimos se hubiesen recuperado), le permite seguir ofendiendo, criticando con mal estilo y peores palabras y, sobre todo, con mentiras a nuestro campeón Jorge Lorenzo. Ni siquiera la posibilidad, manejada por muchos (por ejemplo, por mí, sí), de que estemos ante una nueva operación de marketing para tapar, de momento, sus pésimos inicios (que se arreglarán pronto, ya verán, el 'Doctor' acabará volando con esa Desmosedisi), puede justificar que Valentino Rossi se vaya a un programa de televisión italiana (dicen que un espacio muy cachondo donde a todos sus protagonistas e invitados se les escapan auténticas barbaridades, dado el ambiente) y despotrique de Lorenzo.

No me importa que muchos de vosotros penséis que 'ladran, luego cabalgamos'. Desde que el joven campeón mallorquín llegó a Yamaha, Rossi ha tratado de hacerle la vida imposible y lo ha hecho, como no, con sus peores (¿mejores?, según el italiano, mejores, sí) artes: el muro, críticas a Yamaha, ninguneo a Lin Jarvis, que fue quien apostó por Lorenzo, peloteo descarado a Masao Furusawa, gran jefe japonés y, sobre todo, ataques verbales para tratar de desestabilizar a Lorenzo.

Y el mallorquín se ha limitado a hacer su trabajo, a arrebatarle la 'pole' desde su primer gran premio con Yamaha hasta el último y, finalmente, a demostrar que, en efecto, él, Lorenzo, es el presente y el futuro por el que apuesta Yamaha, y Rossi, fantástico, único, insisto, nuestro ídolo, no ha tenido más remedio que irse a Ducati si lo que pretendía, como así ha demostrado con palabras, obras y gestos era seguir siendo el 'rey del pollo frito', el amo del corral. En ese sentido, 'por qué no te callas'. Porque no inicias, serena y felizmente, tu nueva etapa en Ducati, te recuperas a fondo de tus heridas (también las que afectan a tu ego, sí), pones a punto tu 'bala roja', aprietas los dientes y te enfrentan a Lorenzo en la pista. Lo demás, amigos, no tiene sentido. Sí, puede que muchos de vosotros consideréis que Rossi es tan grande (porque lo es, sí), que puede hacer lo que le da la gana en esta vida, desde dejar de pagar a Hacienda como todo quisque a menospreciar sin razón a Lorenzo. Y, no, los grandes campeones (y él lo es) deberían de ser ejemplo para todos. Y Rossi hace tiempo que, por culpa de las derrotas, de sus caídas, de sus heridas, de que ya hay quien le gana, parece más dispuesto a acentuar su versión 'el club de la comedia' con ácidos monólogos (en Canale 5 también repartió contra Casey Stoner, también), que ha intentar acercarse a los cronos de sus rivales.

En esta vida no vale todo. Ni siquiera para alguien tan enorme, tan campeón, tan bueno, tan lider, tan mediático, como Valentino Rossi. No.

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