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lunes 20/10/2014

You are here: Opinión Pasado de vueltas Cuando cae Mugello...

Cuando cae Mugello...

Mugello es una muralla. Era, mejor dicho. Porque los grandes castillos siempre acaban cayendo.

"Todo es batible, las estadísticas, Rossi...", reflexionaba el sábado acodado en el muro del circuito Alex Crivillé mientras Jorge Lorenzo se ceñía al piano rojigualdo, tratando de robarle al reloj un par de décimas. La predicción se cumplió en carrera. Valentino, jamás ninguneado en un asfalto que para él es altar de un santuario, hubo de hincar la rodilla ante su tropa, claudicando como jamás lo había hecho. Troya acabó rindiéndose ante el ingenio, la juventud, el empuje. De igual moto otros grandes imperios fueron soterrados a lo largo de la historia, reducidos a cenizas o, en el mejor de los casos, a escombros. La vida es un ciclo alimentado por unos períodos de energía y otros de decrepitud. No servirán estas líneas para dar carpetazo al palmarés de Rossi, el incombustible, el mago, el hombre que ha conseguido que se pueda hablar de motociclismo fuera de las fronteras de un circuito. Sí para aquilatar el talento de Lorenzo, sobretodo, capaz de meter en crisis a su compañero con las mismas fibras, con el corazón...

Mugello ha destapado el tarro de las suspicacias. Valentino está escocido por la popularidad que está adquiriendo su compañero. Cuando aterrizó en su equipo lo consideraba un cachorrito. Mordía pero no hacía demasiado daño. Ahora Jorge es un lobo, y desgarra. Dos victorias, un liderato eventual y la sensación de que ha alcanzado una madurez que antes no tenía, han inquietado al italiano. En su box se mascan los nervios y Lin Jarvis, el promotor del fichaje de Jorge por Fiat Yamaha, asoma mucho la cara por el lado oscuro del garaje. Se dice que Davide Brivio, antiguo jefe del equipo Yamaha y ahora capo de Valentino, está enfrentado a Jarvis, que en el escalafón le precede.

Y ahora que Mugello ha caído, los rumores se suceden. Se ha enterrado un mito y eso hay gente que no termina de digerirlo. Siete victorias consecutivas, nueve en total quedarán para las hemerotecas. Pero la victoria de Stoner y el prodigio de carrera dibujado por Lorenzo son un aguijonazo venenoso para Rossi, al que cada año los enemigos se le duplican como por osmosis. En Italia, el garaje de Lorenzo era una algaraza. En la trinchera de al lado la fiesta sentó mal y en repetidas ocasiones se mandó callar con un escueto y muy britanico "silence". Hay periodistas que adivinan maniobras orquestales en la oscuridad pero nadie quiere pringarse en algo indemostrable.

Por si acaso, Jarvis, que moriría matando y es el contacto directo con Japón, afila sus uñas para que nadie ose tocar a su discípulo. Jorge fue su apuesta y en el evite su relación con Rossi se tensó como una maroma a punto de deshilacharse. Para Lin, Jorge es el futuro y una apuesta demasiado arriesgada como para jugar en su contra con cualquier añagaza. Es consciente, además, que Honda tiene el foco puesto en el mallorquín y en cualquier descuido, se lo podrían birlar. Jarvis, además, sueña con un título para Lorenzo que reforzaría su órdago y a Yamaha le serviría para demostrar que, por encima incluso de Rossi, la moto es tan buena como para ser campeona en manos humanas.

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