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viernes 19/12/2014

You are here: Opinión Pasado de vueltas La misteriosa enfermedad de Stoner está en su cabeza

La misteriosa enfermedad de Stoner está en su cabeza

No es que regalara antes sonrisas en cada esquina, pero al menos sus dientes eran el testimonio de una amplia dentadura que asomaba de cuando en cuando con alguna carcajada. Pero Casey Stoner ahora no sonríe.

Su rictus es serio, y mira con desdén a su paso. Acomoda a su mujer en la trasera del scooter y camina con celeridad –demasiada- de un lado al otro del paddock. Y eso que sufre de vértigo, vital. Luego, como un autómata, ingresa en el garaje, apenas cruza un gesto, un saludo lacónico, se embute en el mono, cubre sus temores con el casco y atiza el acelerador como nunca. Al poco regresa al box. Extenuado, bebe algún líquido reparador, casco fuera, y se raja el cuero para recibir aire fresco en los pulmones. “Así cojo energía para la carrera”, se justifica ante los periodistas, que no dan crédito a tamaña debilidad.

Desde Barcelona, su físico se asemeja al de un corredor de fondo, escurrido, seco, sin color. Desde Montmeló lo acompañaron los vómitos, las náuseas, las visitas al médico del Mundial, el suero fisiológico. Y, finalmente, tras Laguna Seca, unos análisis que no sacan de dudas ni al insigne –será en América- Doctor Ting. Lo de Stoner empieza a ser como la búsqueda de un incunable o una aventura sin destino prefijado. Su estado de salud es una incógnita que ya obliga a preguntarse si el deporte merece tanto sacrificio. El médico del Mundial, Claudio Macchiagodena, respondió por todos. “No”. Un no rotundo, redondo, de un especialista que no entiende como nadie le coge por los hombros, los sienta en una silla y le obliga a detenerse por un tiempo. Se ve que el equipo no lo ayuda demasiado, más entretenido en evoluciones, pistones y electrónica. Tampoco es que el australiano ayude. “No se expresa, no muestra sus emociones”, agrega Macchiagodena que el otro día me reconoció que en todos los años que lleva Casey en el Mundial jamás lo había visitado en la clínica itinerante.

El pasado jueves, el piloto tuvo un ramalazo de humanidad y se quiso confesar con el galeno italiano. “Vino y hablamos, largo y tendido”. Y hablaron de todo: de su vida, de su estado de salud, del campeonato… Pero a Claudio no le importa el piloto, nada y menos. “A mí sólo me interesa la persona. Casey hombre”. Y el Casey humano, pese a que en Alemania consiguió terminar la prueba en mejor estado que en las anteriores, según el diagnóstico del doctor, “está mal, ha tocado fondo”. ¿Físicamente? “No, no. Esto es algo que viene de años atrás, no de ahora”, me responde Macchiagodena. Y no tiene nada que ver son sus analíticas, “que están correctas”, algo que Stoner también dijo, para desmentir un escatológico comunicado de prensa de Ducati Marlboro en la víspera y que mencionaba una leve anemia y una ligera gastritis.

Y entonces, ¿qué le pasa? “Está todo en su cabeza”, afirma el médico, que ha consultado con otros especialistas y no ven ninguna justificación a su males una vez examinados los análisis. El problema, según los pocos que han tenido acceso a esos pequeños ramalazos de apertura es su vida. Una vida insulsa, sin incentivos, atado permanentemente a su mujer Adriana, sin distracciones, encerrado en un mundo que ha terminado por comerse su vida. Ninguna comunicación, ningún amigo, alejado de su familia. Casey es incapaz de hablar y expresar sus sentimientos a nadie. Y parece que en Ducati no le están haciendo un gran favor, temerosos de que Casey explote, conocido su carácter irascible y volcánico cuando se viste de piloto.

Lo peor es que en su estado, en una carrera pueda sufrir un accidente grave que lo retire para siempre. Y su estado es la radiografía de alguien con una depresión, con síntomas de ansiedad, que han terminado por aflorar en forma de molestias gastrointestinales, fatiga muscular y orgánica, inapetencia… A esto también colabora una alimentación precaria. Hay quien comenta por el paddock que apenas ingiere alimentos y cuando lo hace es para comer una chocolatina o una barrita energética. Y poco más.  Esto, unido a una falta de entrenamiento físico alarmante en un deportista profesional, han creado un cuadro médico preocupante. Tanto que el Mundial se le está escapando lentamente. Y, con todo, después de la carrera de Sachsenring declaró, con sorna, que no entendía “cómo puede haber tantos pilotos que queden un mundo por detrás de mí en mi estado”. Y no le falta razón. Tampoco agallas.

Foto: mircolazzari.com

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